OpiniónPolítica

Barranquilla es del pueblo, no del apetito autoritario

Por: Orlando De La Hoz
Senador de la República

Abelardo De La Espriella busca posicionar la idea de convertir a Barranquilla en la «capital alterna» de Colombia. La propuesta, leída en clave de conveniencia, revela un cálculo milimétrico: erigir un fortín personal de cara al 2027 en la misma ciudad donde la ciudadanía le dio la espalda de manera categórica en ambas vueltas presidenciales. Es la pretensión de reconquistar con discursos inflados y luces de neón a un electorado maduro que le huele el tufillo a ese proyecto de corte fascista, un modelo autoritario de orden prefabricado que la gente de a pie rechaza porque conoce de sobra su libreto.

El contraste de liderazgos quedará marcado este 7 de agosto. Mientras la bancada del Pacto Histórico, encabezada por Iván Cepeda, acompañará en las calles al poder civil y a las comunidades en una fiesta genuinamente popular, De La Espriella prefiere atrincherarse en el cobijo simbólico de una guarnición militar en el suroccidente. De un lado, el pulso real del pueblo en el territorio; del otro, la escenografía de la vanidad.

Usar edificaciones e instalaciones de la Fuerza Pública como trinchera mediática no es astucia, es una temeridad. El presidente Petro ha sido tajante: las bases e infraestructura militar están concebidas para la defensa nacional y la estrategia operativa, no como pasarela para egos inflados. La verdadera forma de honrar y exaltar a los hombres y mujeres de la Fuerza Pública no es usándolos de fondo para el espectáculo, sino garantizando su bienestar integral: vivienda digna, mejor alimentación y el aumento en las bonificaciones y salarios que este gobierno les ha reconocido.

Desdibujar esa frontera evocando la sombra de las armas roza una estética peligrosa; una narrativa de exaltación castrense que en la historia del Cono Sur y Centroamérica siempre antecedió a la dictadura, a las alianzas oscuras con la violencia y a la violación sistemática de los derechos humanos.

Pero el show tiene una función más servil: actuar como cortina de humo frente a la debacle local. En una Barranquilla azotada por la extorsión y el crimen, el aspaviento mediático busca solapar la incuestionable incapacidad de Alex Char para garantizar la seguridad. Ante esta ligereza, como ciudadano y senador de la República le he exigido formalmente al gobernador Eduardo Verano de la Rosa, mediante derecho de petición, que rinda cuentas claras sobre los recursos para la supuesta adecuación del Batallón Paraíso.

Una movida que no solo denota una alarmante falta de planeación e improvisación, sino un entramado de mentiras que difícilmente cuenta con el aval del Ministerio de Defensa. Barranquilla no cae en espejismos ni en discursos de corte fascista; pertenece a lo popular, exige respeto a su memoria electoral y demanda soluciones de fondo.

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