Por : Orlando De La Hoz
Senador de la República
Nos prometieron la llegada de “los mejores y más capacitados”, pero bastó la fugaz presentación de Carlos René Montoya en Colpensiones para que quedara expuesta la cruda realidad de este gobierno: una mezcla peligrosa de mediocridad, falta de idoneidad e improvisación descarada. Hoy la administración de Abelardo de la Espriella intenta presentar la solicitud de su renuncia como un acto de corrección. No nos engañemos: su salida no es un logro del Ejecutivo, sino la prueba indiscutible de lo indispensable que resulta nuestra veeduría y la victoria de un trabajo serio ejercido desde la oposición.
Lo presenciado en la Comisión Séptima del Senado fue un espectáculo lamentable. Tuvimos a un director incapaz de entender algo tan básico como la diferencia presupuestal entre los años 2026 y 2027, completamente desorientado ante las cifras y buscando excusas bajo el penoso argumento de que lo habían “tirado a los toros”. La escena rozó tal nivel de incompetencia que los propios congresistas del gobierno corrieron a lanzarle un salvavidas desesperado: promovieron dilatar la discusión y suspender la sesión para que el tipo se fuera a arreglar su presentación… y sencillamente no volvió.
En lo personal, y con absoluta modestia, fui vehemente junto a los senadores de la oposición y de mi compañero de bancada Ferney Silva al exigirle que asumiera la dignidad de su cargo. Le dejé claro que era inaceptable descargar su responsabilidad técnica en la directora de planeación, o pretender que terceros respondieran por los conceptos elementales que él debía dominar. Es aquí donde la labor legislativa cobra todo su sentido democrático: sirviendo como muro de contención indispensable para blindar lo público y evitar que la administración del ahorro pensional se entregue a la deriva de perfiles sin preparación.
Tanto que criticaban a Petro por los cambios en su equipo y acusaban inestabilidad, pero hoy, en tan solo 50 días de gobierno, ya suman cinco bajas definitivas de altos funcionarios y cabezas de cartera —como la Ministra de Educación, los directores del DANE, DNP y Colpensiones, y la vocería presidencial—. ¿Dónde está la rigurosidad y la estabilidad que tanto pregonaban?
El trasfondo de esta jugada es aún más vil. Su solicitud de aplazar la implementación de la reforma pensional no es más que una maniobra dilatoria para ganar tiempo y radicar una contrarreforma. Lo que pretenden es quitarle la posibilidad de una pensión digna a las personas más vulnerables para seguir engordando a los fondos privados de pensiones, verdaderos vampiros que durante décadas se han enriquecido a costillas del sudor y el esfuerzo de los trabajadores colombianos.
Desde la oposición mantendremos la técnica y la dignidad en cada debate. La salida del director de Colpensiones es la prueba reina de que cuando ejercemos un control político riguroso, con carácter y argumentos sin concesiones, la mediocridad y la falta de idoneidad sencillamente no se pueden sostener.










