Opinión

El 7 de agosto de dos Colombias: el banquete de Abelardo y la fiesta del Caribe

Por : Orlando De La Hoz
Senador de la República

El próximo 7 de agosto, Colombia expondrá con fuerza dos formas opuestas de sentir y hacer historia. Mientras en Cali las élites se atrincheran a puerta cerrada —sostenidas por la figura de Abelardo, símbolo de una legitimidad impostada, atada a las viciosas dinámicas de la política tradicional y al engaño mediático—, en el Caribe el destino florecerá a pleno sol, sobre el asfalto y con la gente. Barranquilla resonará como la ciudad alegre y la capital indiscutible de la esperanza popular, el mismo territorio donde Iván Cepeda ha triunfado en dos ocasiones; un espacio donde la Puerta de Oro jamás se entorna para las viejas maquinarias ni para quienes pretenden manipular la verdad, sino que se abre de par en par para el pueblo entero.

Es en esta tierra de arraigo popular donde la concentración encabezada por Iván Cepeda, junto a la bancada caribe del Pacto Histórico, las voces de la Alianza por la Vida y el empuje vibrante de los movimientos sociales, cobra verdadero sentido lejos del protocolo rancio de un coctel exclusivo. Esta gran reunión comunitaria no es un acto formal ni una pose, sino el palpitar vivo y transparente del territorio en la calle. El contraste resulta así abismal: de un lado, la penumbra de un personaje que pretende validar un poder sin pueblo entre paredes herméticas; del otro, la verdad y el entusiasmo costeño como banderas de transformación, recordando que la verdadera legitimidad no se compra con falsedades, sino que se conquista construyendo, debatiendo y abrazando el futuro de cara a la ciudadanía.

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