Por : Orlando De La Hoz
Senador de la República
En la política progresista, la diversidad de miradas es una fuerza, pero nunca puede ser motivo para la fragmentación. El Pacto Histórico, como la mayor expresión popular del país, tiene la responsabilidad de sostener el cambio. Con Gustavo Petro como líder natural, las diferencias de criterio no pueden desviar la atención del objetivo principal: responderle a Colombia y defender las transformaciones conquistadas.
Se ha votado unidos. Esa capacidad de articularnos ya ha dado pruebas reales de madurez frente a las decisiones estratégicas en el Capitolio: en la elección de la Presidencia del Congreso, en la definición del Contralor General y en la representación de los magistrados del CNE. Cuando pesan más las apetencias individuales o los egos, la derecha se beneficia, esperando cualquier grieta para frenar los avances sociales. Por eso, el camino correcto sigue siendo el diálogo honesto hacia adentro y la firmeza organizativa hacia afuera.
La estrategia debe concentrarse en acciones concretas. Primero, defender el legado del gobierno progresista y sus reformas a través del trabajo legislativo y el debate parlamentario serio, sustentado en la investigación rigurosa, el estudio técnico y la profundidad argumentativa. Segundo, ejercer un control político juicioso y de peso frente al fascismo de Abelardo de la Espriella y las fuerzas que buscan desmantelar el Estado social de derecho. Y tercero, mantener la presencia en las calles y regiones, asegurando la consolidación local en 2027 y la victoria popular en 2030.
El próximo Congreso Fundacional del Pacto Histórico debe ser el espacio genuino de articulación popular. Su efectividad dependerá del protagonismo real de las mujeres, los jóvenes, los campesinos, los pueblos indígenas y los movimientos de base. Las transformaciones profundas no dependen de apetitos individuales, sino de comunidades organizadas y decididas a construir su futuro.












