Por : Orlando De La Hoz
Senador electo Pacto Histórico
El progresismo en Colombia se enfrenta hoy a su examen de madurez más complejo: transitar hacia una oposición seria, inteligente y profundamente arraigada en la movilización popular. Ante el gobierno de Abelardo De la Espriella, el camino de los sectores alternativos no puede ser el de las disputas internas de aparato. La verdadera tarea es defender en la calle, con argumentos inapelables, el legado social de una gestión que demostró que el Estado sí podía ponerse del lado de las mayorías.
Esa defensa no nace de la nostalgia, sino de realidades contundentes que transformaron el país. Hablamos de haber reducido la pobreza multidimensional a un dígito por primera vez en la historia, de dignificar el trabajo con el aumento salarial real más alto de los últimos tiempos y de convertir el bono al adulto mayor en un sustento digno. Es la memoria de las vidas salvadas al frenar la mortalidad infantil en los territorios olvidados, y la autoridad moral de cambiar la lógica contra el narcotráfico por una estrategia de incautación histórica de toneladas de cocaína. Esos logros son la base de la resistencia.
Con Gustavo Petro como el jefe natural de esta oposición y el hilo conductor del movimiento popular, el Pacto Histórico debe transformarse para no estancarse. El horizonte está claro y tiene una fecha clave: 2027. Para disputarle el poder local a la política tradicional en las elecciones de alcaldías y gobernaciones, el progresismo debe sanar sus propias dinámicas. Las candidaturas ya no pueden decidirse a dedo; la legitimidad solo nacerá de consultas locales democráticas que escuchen la voz de las regiones.
Este reto exige un pacto generoso y sin sectarismos. Una construcción colectiva donde nuestra bancada en el Congreso de la República, junto a liderazgos nacionales de la talla de Iván Cepeda, Carolina Corcho, Aida Quilcué y Daniel Quintero, y en articulación estrecha con las fuerzas y organizaciones sociales, étnicas y políticas del país, asuma la tarea de tender los puentes de esta unidad. El Pacto Histórico necesita evolucionar hacia un verdadero partido de multitudes, diverso y descentralizado, que abra los brazos a nuevos liderazgos y matices regionales. En esta coyuntura, los proyectos personales y las divisiones egoístas son un lujo que el país no puede pagar. La única prioridad es proteger lo conquistado y avanzar, uniendo la sensatez de las ideas con la fuerza de la calle.










