Por Hugo Penso Correa
La Alcaldía de Soledad ha tomado una decisión acertada y estratégica al intensificar las jornadas pedagógicas de prevención contra la extorsión en barrios como Los Almendros y Ciudad Camelot, en alianza con el GAULA Caribe. En un contexto donde este delito sigue siendo una de las principales amenazas a la tranquilidad de los ciudadanos y al desarrollo económico del municipio, apostarle a la información, la conciencia y la denuncia representa un paso inteligente y necesario.
La campaña “Yo no pago, yo denuncio” no es un simple eslogan. Es una invitación directa a romper el círculo vicioso que alimenta a las estructuras criminales: el miedo y el pago silencioso. Cada peso que un comerciante o ciudadano entrega bajo presión se convierte en oxígeno para bandas que luego extienden su radio de acción, intimidan a más familias y socavan la convivencia. Al educar a la comunidad sobre las modalidades más comunes de extorsión, los canales oficiales de denuncia y las rutas de atención, la Alcaldía está empoderando a la gente para que deje de ser víctima pasiva y se convierta en aliado activo de las autoridades.
Resulta especialmente valioso el mensaje que transmiten tanto la alcaldesa Alcira Sandoval Ibáñez como el Cabo Primero Sierra: la seguridad no es solo responsabilidad de la fuerza pública, sino un esfuerzo compartido “50/50”. La alcaldesa lo dijo con claridad: “Existe un pie de fuerza activo y comprometido, y la comunidad no está sola”. Ese tipo de liderazgo genera confianza, que es precisamente lo que más necesitan las víctimas de extorsión, muchas de las cuales callan por temor o por la percepción de desprotección.
La voz de la comerciante que pidió mayor presencia policial en horarios críticos es un recordatorio importante. Las jornadas pedagógicas son útiles y necesarias, pero deben ir acompañadas de una presencia institucional constante y visible. La prevención educativa gana fuerza cuando se complementa con acción operativa: más patrullajes, mejor inteligencia y respuestas rápidas a las denuncias. En ese sentido, es positivo que la administración mencione las “caravanas por la vida” y otros esfuerzos que ya han mostrado resultados.
Lo más esperanzador de esta iniciativa es que busca cambiar una cultura. En muchos territorios, el pago de extorsión se ha normalizado como un “impuesto” inevitable. Soledad está diciendo lo contrario: no hay que fortalecer al delincuente, hay que denunciarlo. Cada denuncia oportuna permite identificar patrones, desarticular redes y judicializar responsables. Es la forma más efectiva de reducir, a mediano y largo plazo, la incidencia de este flagelo.
La seguridad ciudadana no se construye solo con operativos espectaculares, sino también con trabajo constante en el territorio, pedagogía y confianza mutua entre autoridades y comunidad. La Alcaldía de Soledad, bajo el liderazgo de la alcaldesa Alcira Sandoval, está dando un ejemplo concreto de cómo se debe enfrentar la extorsión: con prevención, articulación interinstitucional y un llamado firme a la denuncia.
Ojalá estas jornadas se multipliquen, se fortalezcan con mayor pie de fuerza en los puntos más vulnerables y se conviertan en modelo para otros municipios del Caribe colombiano. Soledad merece vivir sin el miedo constante de “la vacuna” o la llamada extorsiva. El camino correcto es el que ya empezó: educar, denunciar y no pagar. Cuando la ciudadanía y las instituciones caminan juntas, la criminalidad pierde terreno. Ese es el mensaje que debe resonar en cada barrio y comercio de Soledad.












