Opinión

Abelardo de la Espriella: un traje a la medida de la cultura mafiosa

Por Orlando De La Hoz Senador electo del Pacto Histórico

Colombia padece una memoria de corto plazo ante el exceso. Solo así se explica que Abelardo de la Espriella pretenda irrumpir en lo público con la estridencia de una costosa pirotecnia que desborda cualquier tope electoral. En el reino de la opulencia, pasearse en avión privado no representa éxito, sino una desconexión obscena con una nación de profundas brechas. Esta decadencia se nutre de tribunas como El Heraldo de Barranquilla, que perdió la veracidad y objetividad exigidas a un medio para convertirse en un folleto al servicio de la extrema derecha.

Lo desconcertante es su transformismo: el dandi que despreciaba lo común hoy escenifica un súbito entusiasmo por la comida popular; el ateo ilustrado se cobija en la retórica cristiana por cálculo; y el mismo que ayer elogiaba la inteligencia de Gustavo Petro hoy promete “extirpar” a la izquierda, sustituyendo el debate demócrata por la eliminación ideológica.

Bajo el lema de “Firmes por la Patria”, disfraza de fervor un patriotismo excluyente y fascista que instrumentaliza el miedo. Pero los trajes caros no ocultan las costuras de una trayectoria ligada a la defensa del paramilitarismo y la legitimación de fortunas ilegales. Representa la sofisticación de una cultura que asume que el dinero y el poder mafioso todo lo compran y lo justifican.

Esa mentalidad destila un machismo rancio, evidente cuando prefirió presumir sus genitales ante una periodista en lugar de argumentar, usando a la mujer como accesorio de poder. Asimismo, su cínica confesión de haber matado gatos en su juventud revela una preocupante insensibilidad ante la vulnerabilidad.

Frente a esta política del espectáculo, la reflexión no gira en torno a sus ambiciones, sino al norte que deseamos como sociedad: ¿nuestro ideal es la apología al dinero fácil, el arribismo y la anulación del contradictor? El gusto por las marcas no es una falta; el abismo ético es creer que la vestidura suple la integridad. El porvenir pertenece a los jóvenes que encuentran la dignidad en los libros antes que en los destellos de una campaña artificial.

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