Por Hugo Penso Correa
En un país como Colombia, expuesto de manera recurrente a fenómenos naturales —inundaciones, vendavales, huracanes y eventos asociados al cambio climático—, la diferencia entre la vulnerabilidad y la resiliencia radica en la capacidad institucional y comunitaria para anticipar, prevenir y responder.
En este contexto, la Alcaldía de Soledad está demostrando una gestión ejemplar al avanzar de manera sistemática en la implementación de su Plan Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres y su estrategia de respuesta a emergencias.
La reciente jornada PROCEDA realizada en el barrio Almendros III el pasado 5 de mayo, no es un evento aislado, sino la expresión concreta de una política pública coherente con las normas nacionales e internacionales en la materia.
La Ley 1523 de 2012, que creó el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres en Colombia, establece como principio rector la corresponsabilidad entre Estado, comunidades y sector privado, y prioriza la reducción del riesgo, la preparación y la respuesta oportuna.
Esta norma, alineada con el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 de las Naciones Unidas, enfatiza cuatro prioridades: la comprensión del riesgo, el fortalecimiento de la gobernanza, la inversión en reducción de riesgos y la mejora de la preparación para la respuesta y la recuperación.
Soledad está cumpliendo cabalmente con estos lineamientos al llevar la capacitación y la sensibilización “barrio por barrio”, priorizando sectores de alta amenaza según la cartografía oficial del Plan Municipal.
La jornada en Almendros III, liderada por la Secretaría de Gobierno y la Oficina de Gestión del Riesgo de Desastres en articulación con el Cuerpo Voluntario de Bomberos, capacitó a niños, madres, vecinos y adultos mayores en habilidades prácticas y vitales: Reanimación Cardiopulmonar (RCP), primeros auxilios, descenso controlado, manejo de extintores y control inicial de incendios.
Competencias que salvan vidas
Estas competencias no solo salvan vidas en el momento crítico, sino que construyen una cultura de autoprotección y resiliencia. Como bien señaló Alexis Rodríguez, líder del equipo de Gestión del Riesgo, las condiciones geográficas y climáticas del municipio —influenciadas por el Mar Caribe, las altas temperaturas, la humedad y la temporada de huracanes— incrementan la amenaza de vendavales y eventos hidrometeorológicos. Preparar a la comunidad ante estos escenarios no es opcional; es una obligación ética y jurídica.
El Programa Ciudadano de Educación Ambiental para la Gestión de Desastres (PROCEDA) constituye el instrumento pedagógico y participativo que articula estos esfuerzos. Este programa combina componentes técnicos, educativos y de participación ciudadana, generando capacidades locales reales. Su implementación responde directamente al espíritu de la Ley 1523, que promueve la educación y la sensibilización como pilares de la gestión del riesgo, y al Marco de Sendai, que insiste en que la reducción del riesgo debe involucrar a todos los sectores de la sociedad, especialmente a las comunidades en primera línea.
Lo más relevante de la estrategia de Soledad es su enfoque territorial y comunitario. Al priorizar los sectores de mayor amenaza y promover, a través de las Juntas de Acción Comunal (JAC), la conformación de Comités Barriales de Emergencia, el municipio está creando una red de primera respuesta operativa y cercana.
Estos comités permitirán una reacción inmediata en los minutos críticos previos a la llegada de apoyo institucional, reduciendo significativamente la mortalidad y los daños materiales. Esta aproximación descentralizada y participativa representa una de las mejores prácticas recomendadas por organismos internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) y la Estrategia Internacional de Reducción de Desastres.
Integralidad
La gestión de Soledad destaca además por su integralidad. No se limita a la respuesta reactiva, sino que invierte en prevención y preparación. En un contexto regional donde municipios vecinos aún dependen excesivamente de la reacción posterior al evento, Soledad está invirtiendo en capital humano y organizacional. La participación de niños y adultos mayores en las capacitaciones es especialmente valiosa: los primeros se convierten en multiplicadores de conocimiento en sus hogares y escuelas, mientras que los segundos aportan experiencia y fortalecen el tejido social intergeneracional.
Esta aproximación genera múltiples beneficios. En primer lugar, salva vidas y reduce pérdidas económicas. Según estimaciones de organismos internacionales, cada dólar invertido en reducción de riesgos de desastres puede ahorrar entre cuatro y siete dólares en respuesta y recuperación. En segundo lugar, fortalece la cohesión social y el sentido de pertenencia. Una comunidad capacitada y organizada es más resiliente no solo ante desastres naturales, sino también ante otras emergencias. En tercer lugar, posiciona a Soledad como referente municipal en el Caribe colombiano, atrayendo posiblemente mayor atención y recursos de nivel departamental y nacional.
Sin embargo, el camino aún requiere continuidad y profundización. Es necesario mantener el ritmo de capacitaciones, actualizar permanentemente la cartografía de riesgos ante los efectos acelerados del cambio climático, asegurar recursos presupuestales sostenibles para la Oficina de Gestión del Riesgo y fortalecer la articulación interinstitucional con el departamento del Atlántico, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y entidades como el IDEAM para alertas tempranas.
Política pública integral
El ejemplo de Soledad demuestra que la gestión del riesgo de desastres no es un asunto técnico exclusivo de expertos, sino una política pública integral que debe involucrar a toda la sociedad. Cuando un municipio decide pasar de la improvisación a la planeación, de la reacción a la prevención y del asistencialismo a la empoderamiento comunitario, está cumpliendo no solo con la ley, sino con su responsabilidad ética más profunda: proteger la vida y el bienestar de sus habitantes.
En tiempos donde el Caribe colombiano enfrenta amenazas cada vez más frecuentes e intensas, la estrategia de Soledad ilumina un camino. Ojalá otros municipios del Atlántico y del país sigan este ejemplo. La resiliencia no se decreta; se construye barrio por barrio, persona por persona, con conocimiento, organización y voluntad política. Soledad está avanzando decididamente en esa dirección.














