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¿Cuál es el objetivo final de Trump en Venezuela?

Desde hace dos meses, el ejército estadounidense acumula una fuerza de buques de guerra, aviones de combate, bombarderos, marines, drones y aviones espía en la zona.

Los bombarderos de largo alcance B-52 hicieron “demostraciones de ataque con bombarderos” frente a las costas de Venezuela.

Trump también autorizó el despliegue de la CIA en Venezuela, a medida que aumentan las tensiones entre ambos países.

Estados Unidos afirma haber matado a decenas de personas en ataques contra pequeñas embarcaciones procedentes de Venezuela que, según alega, transportaban “narcóticos” y “narcoterroristas”, sin aportar pruebas ni detalles sobre quiénes iban a bordo.

Los ataques fueron condenados en la región y los expertos cuestionan su legalidad. Estados Unidos los presenta como una guerra contra el narcotráfico, pero hay quienes consideran que se trata en realidad de una campaña de intimidación que busca derrocar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

“Se trata de un cambio de régimen. Probablemente no vayan a invadir, la esperanza es que se trate solo de una señal”, afirma Christopher Sabatini, investigador senior para América Latina en el centro de estudios Chatham House.

Sostiene que el aumento de la presencia militar es una demostración de fuerza destinada a “infundir miedo” en los corazones de los militares venezolanos y el círculo íntimo de Maduro para que se rebelen contra él.

BBC Verify monitoreó la información de seguimiento que hay disponible de modo público de los barcos y aviones estadounidenses en la región, junto con imágenes satelitales y de las redes sociales, para tratar de construir el panorama de dónde se encuentran las fuerzas de Trump.

El despliegue ha ido cambiando, por lo que seguimos monitoreando la región regularmente para obtener actualizaciones.

Naves militares

A fecha de 23 de octubre, identificamos 10 buques militares estadounidenses en la región, entre los que se incluyen destructores lanzamisiles, buques de asalto anfibio y petroleros para reabastecer a los buques en el mar.

No es ningún secreto que la administración estadounidense, en particular el secretario de Estado, Marco Rubio, desea ver derrocado a Maduro.

A principios de este año, Rubio le dijo a Fox News que Maduro es un “dictador horrible” y, cuando se le preguntó si exigía su salida del gobierno venezolano, añadió: “Vamos a trabajar en eso”.

Pero, incluso para críticos abiertos de Maduro como Rubio, es difícil pedir explícitamente un cambio de gobierno con el respaldo del ejército.

La oposición venezolana lleva tiempo apelando a las Fuerzas Armadas para que se desvinculen de Nicolás Maduro.

Donald Trump hizo campaña contra un posible cambio de gobierno en Venezuela en 2016. Entonces, prometió “dejar de correr para derrocar regímenes extranjeros”. De modo más reciente condenó la participación en “guerras eternas”.

A pesar de eso, varios hitos han marcado las tensiones entre ambos países.

Por ejemplo, la embajada de Estados Unidos en Caracas fue cerrada durante la primera presidencia de Trump en 2019.

Y, tras las últimas elecciones generales de julio de 2024, Estados Unidos no reconoce a Maduro como presidente de Venezuela.

Esos comicios fueron ampliamente rechazados a nivel internacional, así como por la oposición en Venezuela, al no considerarlos ni libres ni justos.

El Consejo Nacional Electoral anunció a Maduro como vencedor, pero a día de hoy no hizo públicas las actas que avalan este resultado.

Estados Unidos aumentó a US$50 millones la recompensa por información que conduzca al arresto de Maduro, un incentivo para que los miembros de su círculo más cercano y leal lo entreguen. Pero esto no ha dado lugar a ninguna deserción.

Élites venezolanas

José Ignacio Hernández, profesor venezolano de Derecho y asociado sénior del centro de estudios de seguridad nacional CSIS, afirma que US$50 millones “no son nada” para las élites venezolanas.

En un estado rico en petróleo como Venezuela, las posibilidades de ganar dinero de modos no lícitos son muchas.

Por poner un ejemplo, el exdirector del Tesoro Alejandro Andrade ganó US$1.000 millones en sobornos antes de ser condenado en Estados Unidos por lavado de dinero.

Muchos analistas coinciden en que el ejército venezolano sería clave para cualquier cambio de poder, pero apuntan que, para volverse contra Maduro y derrocarlo, probablemente querrían garantías de inmunidad judicial.

Hernández añade: “Pueden pensar que, de una forma u otra, ellos también están involucrados en actividades delictivas”.

Michael Albertus, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago y autor de numerosas publicaciones sobre América Latina, no está convencido de que ni siquiera una recompensa de US$500 millones pueda persuadir al círculo íntimo de Maduro para que lo entregue.

“Los líderes autoritarios siempre sospechan incluso de su círculo más cercano y, por eso, crean mecanismos para vigilarlos y garantizar su lealtad”, afirma.

Las sanciones económicas impuestas a Venezuela han empeorado la ya grave crisis económica y social, pero no han logrado persuadir a las figuras de alto rango para que se vuelvan contra su presidente.

Más allá de las drogas

Donald Trump declaró que el movimiento de efectivos militares en la región es por su guerra declarada contra los narcotraficantes y afirmó que uno de los barcos atacados por Estados Unidos el 16 de octubre “estaba cargado principalmente con fentanilo”.

Pero el fentanilo se produce principalmente en México, no en América del Sur, y entra en Estados Unidos por la frontera sur.

“No se trata de drogas. Pero él ha adoptado el discurso de la oposición venezolana de que esto no es solo una dictadura, sino un régimen criminal”, indica Sabatini.

Desde 2020, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusa a Maduro de liderar una organización de narcotráfico y narcoterrorismo conocida como el cartel de los Soles, algo que el mandatario venezolano niega.

Recientemente, Trump admitió que autorizó a la CIA a llevar a cabo operaciones encubiertas en Venezuela, en parte debido a la “entrada de drogas” procedentes de ese país.

Venezuela no produce grandes cantidades de cocaína, que proviene principalmente de Colombia, Perú y Bolivia. Hay algo de cocaína que se trafica a través de Venezuela, y el propio gobierno afirma estar tomando medidas enérgicas contra eso.

Un informe de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos de 2025 señala que el 84% de la cocaína incautada en Estados Unidos procede de Colombia y menciona otros países, pero no a Venezuela.

Las primeras siete operaciones de las fuerzas estadounidenses se realizaron en el Caribe, que no es una ruta marítima importante para el tráfico de drogas en comparación con el océano Pacífico, donde se produjeron las operaciones posteriores.

Pruebas contra Maduro

Estados Unidos no ha detallado las pruebas que tiene contra Maduro como líder de una organización de tráfico de drogas. Maduro ha negado repetidamente las acusaciones y, por su parte, acusa a Estados Unidos de imperialismo y de agravar la crisis económica del país con sus sanciones.

Se conocen casos de personas cercanas a él que han sido acusadas.

En 2016, un tribunal federal de Nueva York condenó a Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, dos sobrinos de Cilia Flores, esposa de Maduro, a 18 años de cárcel por conspirar para importar cocaína a Estados Unidos.

El caso afirmaba que planeaban utilizar parte del dinero para financiar la campaña política de Cilia Flores. Posteriormente fueron puestos en libertad a cambio de la liberación de siete estadounidenses encarcelados en Venezuela.

Refuerzo de la potencia naval y aérea de EE.UU.

Según los analistas militares, interceptar drogas en el mar no requiere una fuerza tan grande como la que tiene desplegada ahora Estados Unidos.

Además de los barcos estadounidenses que la BBC logró rastrear alrededor de Puerto Rico, donde Estados Unidos tiene una base militar, las imágenes satelitales también mostraron dos embarcaciones unas 75 millas (123 km) al este de Trinidad y Tobago.

Uno era un crucero lanzamisiles, el USS Lake Erie.

El otro parecía ser el MV Ocean Trader, según Bradley Martin, excapitán de la Marina de Estados Unidos y ahora investigador senior de políticas en RAND Corp.

Se trata de un buque de carga reconvertido, diseñado para apoyar misiones de fuerzas especiales en combinación con el tráfico comercial. Puede albergar drones, helicópteros y pequeñas embarcaciones.