Por Omaira Sandoval Donado
Fueron muchos los factores por los que decidí escribir sobre este tema. Yo sé que algunos podrían sentirse aludidos, mientras otros -tal vez- se rasguen las vestiduras. Por ello cito una frase de la periodista, abogada, escritora y poeta Carmen Peña Visbal “Ser periodista es cumplir una misión social asumida en desarrollo de la libertad individual, en acatamiento a una pasión, en cumplimiento de las urgencias de observar, dudar, informar, analizar y opinar con responsabilidad”.
Hoy estamos viviendo momentos cruciales en el mundo por las guerras y los conflictos políticos. Viendo en estos días con el premio Nobel de la Paz que entrego el Parlamento de Noruega, a la líder de oposición María Corina Machado, ha generado una polarización a nivel mundial y más en Colombia son los colegas que se creen politólogo, en afirmar que líder de oposición es una heroína, que el premio ha perdido credibilidad y otros que el fin del régimen de Nicolás Maduro y etcéteras.
Respecto de este tema consulté opiniones escuche a conocedores de la situación políticas de Venezuela y se hizo un análisis como conocedores de la comunicación se llegó a la conclusión que la concesión del Nobel de la Paz a María Corina Machado representa fundamentalmente un hecho geopolítico de profundas implicaciones.
Este acto trasciende el mérito individual para convertirse en una potente herramienta de legitimación internacional hacia una figura opositora específica y en un mecanismo de presión sobre el gobierno venezolano. Sin embargo, en el contexto de una polarización extrema, su impacto es ambivalente: mientras para sus partidarios simboliza un reconocimiento a la lucha democrática, para el oficialismo constituye una injerencia que premia la incitación a la violencia. La verdadera eficacia del galardón no radicará en el reconocimiento mismo, sino en si logra catalizar una reanudación creíble del diálogo o, por el contrario, profundiza la intransigencia.
El desafío para la región es evitar que este simbolismo, cargado de subjetividades, exacerbe la confrontación y no contribuya a la paz que necesita urgentemente Venezuela.
Ya es hora que se desmonten la mala fama que tiene el periodismo sobre su decadencia. Esa crisis no sólo se ve en Colombia. Realmente se podría decir que es mundial y lo estamos viviendo con la polarización que ha generado el galardón del Premio de Paz en los medios tradicionales y en las redes sociales.












